22.- Siento que me duela

Nunca sabes lo difícil que son las cosas hasta que las vives. A veces, incluso crees que ya has sentido todo cuanto imaginabas y te sorprendes de nuevo, con algo que te hace recapacitar, pensar o quizás cuestionar.

Siento que me duelan tus silencios. Siento que me duelan tus faltas de expresión. Siento que me duelan tus carencias de emoción. Siento que no pueda entender lo que sientes.

Pero siento aún más cuando no puedes ver lo que yo veo, o sentir y entender lo que siento. Que veas en mí la voz de la réplica y no la de la súplica. Y que se entienda como súplica, las ansias por ser comprendida.

No busco compasión, ni complacencia. Busco cariño, apoyo, aceptación y valor, para afrontar todo cuanto venga.

Siento cuando todo parece una lucha interna. Cuando la razón no entiende al corazón. Cuando el valor se esconde. Cuando los sentimientos se bloquean. Cuando las palabras faltan. Cuando las lágrimas se reprimen. Cuando el orgullo te nubla.

Entiéndeme, no es fácil saber que las cosas han cambiado. Que no somos los mismos. Que nuestra vida ha sido golpeada y que cada día se ensaña con nosotros frotándonos por la cara que debemos seguir luchando.

Dime que es normal sentir un dolor en el pecho cada vez que topas de frente con esa realidad. Nuestra realidad. Dime que es normal sentir flaqueza cuando no eres capaz de entender el porqué de lo que vives. Dime que es normal buscar refugio en ti misma para calmar tu ira. Dime que sentirse mal es a veces sinónimo de ser humano. Dime que sentirse bien es sinónimo de búsqueda de equilibrio.

Dudo muchas veces que entre el blanco y el negro solo exista el gris. Los matices siempre nos abren un extenso abanico de posibilidades. Escoger una de ellas se ha convertido en una virtud para mí. Quizás no siempre puedas escoger el blanco como única respuesta correcta y debas acudir a ese gris que te satisfaga.

Y en esa aceptación, te cuestionas si has escogido la tonalidad acertada. Si debieras haber indagado más en otra combinación. Y es entonces cuando te das cuenta  que eso no es lo que importa, que si era lo más o menos correcto. Lo verdaderamente importante es que la decisión que tomes, digas o aceptes sea la que dicte tu propio corazón.

No siempre es fácil adentrarnos en nosotros en la búsqueda del equilibrio emocional. Prestarnos atención a todo lo que nuestro cuerpo nos reclama o avisa. Aún cuando nos pasa una oportunidad  de ver ese blanco, en ese instante, debemos aceptarlo como parte de nuestra experiencia. 

La vida no es más que un cúmulo de buenas y malas experiencias. Todas ellas te convierten en lo que eres. Te construyen como ser racional e irracional. Te permiten albergar tantas emociones como sepas capaz de gestionar. 

Y ante todo me quedo con lo bueno, que no es más que el fruto de lo malo. Que aun así , hubo un momento en que fue blanco y que el gris no es tan mala elección si justifica el fin. Pero sobre todo como dijo Erich Fromm,

"Paradójicamente, ser capaz de estar solo es la condición para ser capaz de amar"

Estar solo, con la finalidad de encontrarte a ti mismo, conocerte y aceptarte.

Y amar como forma de enriquecer nuestra existencia, como una actitud capaz de dotar a nuestro mundo de un sentido, de un propósito capaz de transformar aquello que desees.


Solo deseo que esa amplia capacidad de amar que tengo no desaparezca en esa lucha por entender y ser entendida. Que pueda seguir compartiéndola. Que no se disipe porque la emoción la cubra. 

Que el día a día no desvanezca las ganas de amar y ser amado. 




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